Cuando el silencio nos abruma
Y la música es
lo único que nos reembarca.
Entiendo
-finalmente-
que este bote
jamás te llevó en él.
Lejos de la oscuridad adormecida,
observo el iluminar de las paredes rotas
Y comprendo cómo,
desde hoy -y por siempre- existirá
dentro de la construcción espaciotemporal del lamento
Un fragmento tuyo,
Al que denominaré autosoma
Y que nunca aprendí a querer.
Entonces,
Cada vez que calla y mira,
Y la brisa,
entre sus cabellos,
canta.
El viento me explica cómo se enjuagará las manos
fríamente,
de esta destrucción idílica (de desilusión y miedo),
Con la fascinación de haberte perdido
Que se consuela en
el infinito aprecio que tengo a la vida
Porque aunque sea te pude tener
Pero despierto,
y ahora.
Sé que el mar,
también avanza.
Como el mismo tiempo
que ya
Se fué.